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Biografía

Retrato de Guy Ferrer, pintor y escultor
Retrato de Guy Ferrer, pintor y escultor
Retrato: Christelle Carle
Retrato de Guy Ferrer, pintor y escultor

Guy Ferrer (1955), francés de origen mediterráneo, ha trabajado principalmente en París, en Los Ángeles y en varios países en los que instaló talleres temporales, en particular en Nueva York, Caracas, Lima, Pekín, Johannesburgo...
En 2012 se instaló en la Cataluña francesa, lo que marcó su regreso al Mediterráneo. Dedicado principalmente a la escultura y a la pintura, el artista explora también la escritura y la arquitectura. La espiritualidad, el Tiempo, la vida y sus interrogantes son temas que nutren la obra del artista y su filosofía.

Desde los años ochenta, Guy Ferrer ha desarrollado una carrera internacional marcada por exposiciones en numerosas galerías e instituciones.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia encargó al artista una escultura monumental de bronce para la embajada de Francia en Singapur, un gran fresco pintado para la embajada de Francia en Bakú (Azerbaiyán), una escultura para la sede central del Ministerio de Asuntos Exteriores en París...
La OCDE encargó y expone de forma permanente el gran tríptico titulado Liberté-Égalité-Fraternité.
Se han establecido colaboraciones artísticas con varias empresas, como Lefranc & Bourgeois, Le Bon Marché, Champagne Nicolas Feuillatte, Champagne Jacquart, bodegas de Burdeos...

«Gran viajero, extrae de sus numerosas estancias de trabajo en el extranjero la materia humana que anima su obra y le infunde su espíritu.

Apasionado por las espiritualidades del mundo, nos ofrece con fuerza su visión sensible y poética del Hombre, atrapado en el Tiempo y enfrentado a la dialéctica de su destino paradójico: el hombre es, según Ferrer, a la vez de luz y de barro, y el camino de la vida es iniciático.»

Victoria Conti, 2009

Lo que dice el artista:

«El compromiso de toda una vida: crear, vivir para crear en una renovación constante; eso es exactamente lo que el arte representa para mí, un compromiso total y un testimonio.

Gracias a todas las exploraciones que el arte hace posibles, improviso mi búsqueda, “como autodidacta”, como suele decirse, ¡como si pudiera ser de otro modo! Hay que negociar con la materia, dar para recibir. Es una relación sutil: la armonía es rara y, cuando llega, siempre es una sorpresa. Qué alegría encontrar a veces las respuestas acertadas a las preguntas estéticas y formales. Y, sobre todo, a la pregunta por el sentido de lo que uno hace. De vez en cuando se encuentra, pero siempre de forma provisional. Porque lo que vuelve una y otra vez, y con tanta fuerza, es la exigencia del camino, en el que cada obra terminada le ordena seguir adelante con otra obra, que podría ser más acertada, en la que existirían otras respuestas. Hay que permanecer disponible, como una copa, con el corazón abierto. Siempre hay una enseñanza que recibir, en el plano artístico o sobre la naturaleza del mundo. El arte es una fuente mágica de conocimiento y de intuiciones. Guarda algunos secretos, susurrados desde el otro lado de lo visible, como concedidos por el Gran Misterio.

Practicar, trabajar: sin duda es la mejor manera de crecer un poco, de compartir con los demás, de oír cómo un soplo de sentido colorea la existencia y de barrer las vanas polémicas sobre la belleza y la armonía, fuerzas eternas.»

Bakú (Azerbaiyán), 20 de junio de 2000